“La tía Ene se inclinó sobre Alicia y su voz, apenas audible, se hizo suave, dulce, arrulladora. -Llora, hija mía, descarga tu alma: a mi no me engañas. ¡Llora, pequeña puta desvergonzada, llora que yo no te traicionaré! Alicia sonrió con cierta alegría casi involuntaria. Sobre toda la superficie de la tierra, la única persona capaz de descubrir con una sola mirada su secreto era la tía Ene, la tía Enedina, la viuda legitima, quien había pronunciado por fin a su oído la palabra justa, una de las cuantas palabras sagradas que tiene el lenguaje humano para expresarse.” - Silvestre Revueltas La multiplicación de los peces. via Tumblr http://ift.tt/22KHkDT