Muchas veces cuando trabajamos no nos damos cuenta de algunas condiciones bajo las cuales viven los niños con los que trabajamos, esta vez es una de esas experiencias del servicio que marcan un pequeño análisis.
En la escuela, por motivos de poder recuperar un poco los recursos necesarios para pagar unos vestuarios, se realizó una función de cine para que los niños pudieran pasar un momento de esparcimiento, mientras que se recuperaba un poco el dinero para pagar el adeudo.
Algunos niños pagaron su entrada sin mas, pero uno de ellos no pudo pagar, no me di cuenta, en si los que pagaron fueron la mayoría mas no todos, pero como mi intención ha sido apoyar a todos e intentar tratarlos en las mismas condiciones. Pensé en pagar la entrada a los niños que no pudieran, pero no se los comenté a tiempo, por que hubo una reunión en la dirección para tratar otros asuntos.
Los niños entraron a la sala, no pude observar quienes entraron y quienes no. Pensé que todos estaban dentro. Terminó la reunión y fui por mis cosas para acompañarlos. Pero al darme cuenta, uno de los niños estaba sentado frente al salón, llorando.
Hasta que punto las condiciones marginales en que vive la mayoría de las personas, les permite generar una forma de cohesión y permanencia al grupo, ser aislado por la pobreza o separarse de los demás por una cuestión económica.
Intenté hablar con él, me escondía el rostro y no me volteaba a ver. Seguí intentando. Tuve que cerrar el salón para que sacara sus cosas. Con eso ya lo encamine al lugar donde estaban los demás. Se integró con el grupo.
Los detalles de esto, no cualquiera los nota o probablemente lo notamos pero lo dejamos a un lado.
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