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El artista


Llegando a casa sin mucho que hacer, en el camino se detiene la marcha, un semáforo lo exige. Quien busca el pan se adentra en cualquiera de las artes callejeras. Se para frente a los carros iniciando el acto que lo va a mantener con vida, unas naranjas su instrumento de trabajo.
Una es lanzada al aire manteniendo al público en su atención. Salen por un lado por el otro, son recibidas por la espalda, entregadas al aire y recibidas en la otra mano que la tiene esperando en todo momento, una gran maestría de su acto.
Mientras tanto algunos de los conductores esperan a que el semáforo marque en verde para seguir su camino, muy pocas personas mantienen la atención, la vida rutinaria te lleva a dejar a un lado todo aquello que pasa alrededor. Problemas, dinero, rutina, ruido, amar, querer; tantas cosas que llevan a uno dejar lo que hace.
El tiempo pasa, es hora de comenzar a recibir el cariño del público. Unas monedas que sirven de mucho para el hambre que nunca cesa. Una sonrisa acompañada de una mano extendida. Algunos ni siquiera bajan la ventana simplemente observan a otro lado. Algunos preparamos la moneda más por piedad que por la novedad del acto; menos uno, un pequeño que baja la ventana rápidamente y le da dos pesos, le queda observando la cara pintada con el maquillaje de los artistas.
El semáforo se pone en verde los carros continúan su marcha. El artista sabe que el hambre llama y el acto debe continuar.

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