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El día que no fue

En ocasiones no comprendemos que todo es un instante, un segundo y nada mas, aunque lo comente pareciera ser que no me ha llegado a la cabeza.

Cada día una acción similar, altas velocidades acompañan el camino al trabajo. Cien o ciento cuarenta kilómetros por hora, rebasar a la menor oportunidad, cerca algunos barrancos que importan si es deber estar a la hora. En algunas ocasiones los frenos han sido un gran apoyo para detener la unidad a tiempo, regresar al sitio donde antes se encuentra uno para seguir la marcha.

Así ha sido desde hace mas de dos años, solamente en dos ocasiones la había visto cerca, en un punto ciego ante una pendiente una camioneta sale como si no estuviera ahí unos segundos antes logrando meterse por segundos.

Hoy fue el momento en que se vio mas cerca. Rebasando en un espacio corto, una auto se queda muy abierto pero la osadía llega a su limite, por mas que pensaba que se regresaría, no lo hace, se mantiene en su lugar, dejando el único camino a un barranco.

Es un segundo que nadie ve, un segundo en que las cosas se van quedando como quietas, pero lo bueno es que una piedra que marcaba el limite hace que el carro se detenga. ¡bum! se escucha el golpe de la llanta con la piedra, el carro se levanta un poco dejando a todos en silencio. No hago mas que detenerme por un segundo. Maldigo el instante. Pero sigo manejando con todas las posibilidades de que algo mal siga, no digo nada el silencio es general.

Ya después el camino me lleva a donde debo llegar, apenas si fueron diez minutos tarde aunque pudiera ser eterna la inasistencia.

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