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Palma, fuego y tejas.

Nizanda es un pueblo muy pequeño de la región del Istmo. Sus casas por las condiciones en las que vivían eran pequeñas chozas hechas con palma de la región. Muchos de los comunitarios para poder conseguir unas monedas tenían que hacerlo mediante la creación de cal que vendían en las vías del tren para los viajeros que pasaban por la comunidad o en los centros mas grandes como era Matías Romero o Ixtepec.


Uno de tantos días, por las condiciones de la producción de la cal, una chispa se levanta y llega a una de las casas de la comunidad y comienza a prenderse. En el Istmo el viendo es demasiado fuerte en todo el tiempo y en esa comunidad mucho mas.


Una por una de las casas fueron prendiéndose, el fuego consume todo a su paso, aun con el intento de los comunitarios las llamas no se pudo controlar de ni una manera. Los pobladores al verse perdidos en sus condiciones se fueron en desbandada hacia las vías del ferrocarril por no tener otro lugar donde poder resguardarse.


Mientras el miedo, el llanto y la desesperación los acompañaba, una maquina del tren iba deteniendo su marcha a la distancia al ver a toda la población ocupando las vías del tren. El sonido de la maquina se detiene completamente, el maquinista se baja para pedir una explicación de porqué estaban ahí:


-¿Vienen a recibir al presidente de la república?


Ni uno de ellos podía contestar ya que solamente sabían hablar zapoteco. Solamente una de todos y todas -que por viajar a vender a las comunidades grandes- sabia hablar el castellano:


-¡Ayúdanos, se nos quema el pueblo!


La desesperación se hacía notar por todos, al ver esto, le orienta a hablar con el presidente que ahí estaba en uno de los vagones. Logra la comunidad hablar con él y le explica lo que estaba pasando. El presidente hace el llamado a su guardia militar para ir a apagar el fuego que había consumido a todo el pueblo.


Las cenizas se veían por todos lados, pero ya no tenían nada para levantar sus casas por la pobreza que era hereditaria en esa comunidad pero el presidente les da el apoyo al ver perdidos todos sus bienes y les promete que ayudará a la comunidad.


Tiempo después, llega al pueblo la ayuda que necesitaban, tejas para todos los comunitarios y con ellas poder construir sus casas, cada uno de ellos -por tequio- fueron levantando la comunidad que había sido quemada. Y así fue como Nizanda pasó de ser una comunidad de chozas de palma a casas de lodo y tejas.


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